Del avance del Reino de Dios

Impresiones personales y experiencias en el Norte de Potosí de 1983 a 2003 de Ele y Martin Fey

Hace 20 años que visitamos la Misión del Norte de Potosí por primera vez. En 1983 eramos estudiantes por casualidad tuvimos contacto con los claretianos en el Norte de Potosí por intermediario de ADVENIAT y Ele y Martin con un campesino 1983 en Sakakavisitamos como mensajeros de una parroquia alemana esta región en los andes bolivianos. No sabíamos lo que nos esperaba. Pero sabíamos lo que queríamos. Nuestro regalo lo significaba : En la estación del via crucis “Simón de Cyrene ayuda a Jesús a llevar la cruz” queríamos ser el Simón. Jesús nos encontraba en el campesino que sufría bajo la opresión de muchos siglos y bajo la explotación. Esta estación del via crucis está colgada todavía hoy en la capilla de los claretianos en Sakaka.

Desde aquel tiempo el Norte de Potosí no nos soltaba y desarrollaba una parte de nosotros. En los años 1993, 1997, 2000 y ahora en el abril de 2003 visitamos la Misión. Pero también venían visitantes de Bolivia a visitarnos. Hasta su muerte vino varias veces Juan Ramón Alcalde a Alemania, después con frecuencia vino Jesús Mary Oset y una vez también Luis Elizalde. Entretanto hacemos desde hace 13 años en la parroquia católica St. Marien en Oberhausen junto con un grupo de 16 adultos muchas acciones para informar sobre la realidad de la vida en el Norte de Potosí y para subvencionar proyectos concretos en esta región. Bajo el título “Hermandad St. Marien – Misión Norte Potosí” queremos aprender uno del otro y compartir uno con otro, pues traemos como cristianos de distintas culturas y vidas la responsibilidad el uno para el otro en un mundo.

Ahora hemos vuelto otra vez de un mundo a otro y nos preguntamos que ha cambiado durante todos estos 20 años. Qué ha cambiado en el Norte de Potosí? Qué desarrollos nos llaman la atención ? También nos preguntamos : Qué ha cambiado en nosotros ? Qué influencia han tenido estos 20 años en nuestra vida ?

Empezamos con lo que podemos ver en el Norte de Potosí. La pobreza en el campo parece ser como siempre. Como hace 20 años los aymaras y quechuas siguen cultivando sus pequeños campos que aseguran su mínimo vital. Una familia vive en condiciones primitivas en una casita con una habitación en las montañas. No hay electricidad ni baño y sólo algunas veces hay agua corriente. Sólo a pie se puede llegar a la mayoría de los lugares. Pero hay cambios. En el año 1983 visitamos varias comunidades donde la gente tenía que abandonar sus pueblos durante la época seca porque no tenían agua. Hace 10 años ya notamos que ya hay agua corriente en muchos lugares. El agua está en depósitos grandes y viene de aquí a las comunidades. También los campesinos han cambiado y son ahora más abiertos. Durante nuestra primera visita no fue posible tener contacto con ellos. Ellos fueron o bajaron sus ojos al suelo. Ahora encontramos a campesinos más abiertos y más seguros de si mismos. Este desarrollo depende más de lo que no se puede ver, con el trabajo continuo del Equipo Misionero en todos estos años. La formación y la cualificación de las catequistas, cursillos sobre todo para las mujeres en alfabetización, tejido y costura y proyectos de salud junto con MEDICUS MUNDI, proyectos de agricultura y visitas continuas de los claretianos en muchas comunidades pequeñas fueron partes muy importantes para este desarrollo.

Si se va a los grandes pueblos – a San Pedro, Akasio, Toro-Toro, Sakaka, Karipuyo – se puede notar los cambios más evidentemente que en el campo. Unos pueblos son más grandes que antes porque la gente del campo vino aquí. Esto se nota sobre todo en San Pedro. Ahora hay electricidad en todos estos pueblos – un desarrollo que tiene ventajas pero también llevó la televisión en muchas casas. Y por todas partes había renovaciones – se puede notar por lo menos en las plazas de los pueblos. Se realizó esto con la ayuda de subvenciones del estado boliviano, que por cambios de leyes en la mitad de los años 90 entraron en las cajas de las alcaldias.

Los cambios que nos impresionaron más son los que se refieren a la educación. Durante nuestra estancia en este año visitamos las escuelas y los hogares campesinos en Toro-Toro, Akasio y San Pedro. Y cada vez admiramos los cambios positivos que tenían lugar durante estos años pasados. Hace diez años las clases en Toro-Toro tuvieron lugar en una escuela ruinosa, en 1994 se construyó una nueva que ahora La obra en bruto del nuevo colegio en Toro-Toroya está demasiado pequeña. Al lado de esta escuela visitamos la obra en bruto por una ampliación, simple para nuestras condiciones pero muy linda del estílo y práctica. En Akasio también han construído un nuevo colegio – ahí está terminado. Los primeros jóvenes ya pasaron su bachillerato en estos lugares en los años pasados aunque estos edificios sólo se terminan ahora mismo. Las clases en las aulas estrechas de las escuelas antiguas tuvieron lugar para los alumnos pequeños por la mañana y para los mayores por la tarde. Pronto se cambiará estó. Por otro lado el colegio de San Pedro necesita una renovación urgente porque dos aulas fueron destruidas por un terremoto en los años pasados. Pero notamos mejoramientos muy intensivos en la enseñanza. Encontramos a directoras muy abiertas y muy comprometidas que realizan una reforma educativa. Cuando visitamos las escuelas en los años pasados vimos a los alumnos en sus sillas y mesas unos tras otros y una enseñanza frontal. Ahora vemos aulas donde las mesas han sido puestas en un círculo o en grupos. Para profesores como nosotros Alumnos en San Pedroestos son signos de una enseñanza que se orienta a los alumnos, de una enseñanza donde el niño es el sujeto y no el objeto. Nos enteramos de cursillos de la reforma educativa para los profesores. Y vemos niños en una clase preparatoria que aprenden primero en su lengua materna – en quechua. En los próximos años aprenderán el castellano y a partir de este momento aprenderán todo de manera bilingüe. Esto es una revalorización del quechua y es muy importante para el sostenimiento de la tradición indígena y de la conciencia de si mismo. En nuestro trabajo con niños extranjeros en Alemania conocemos la importancia de la lengua materna. Sólo los niños que saben bien su lengua materna tienen la capacidad de aprender una lengua extranjera.

Además de las escuelas tenemos interés sobre todo en los hogares campesinos, los internados. Hace 20 años había solo un internado en San Pedro, ahora hay cinco. Existen en todos los grandes lugares del Norte de Potosí. Notamos sobre todo que la parte de las chicas en los internados ha aumentado. Depende seguramente del trabajo de los claretianos y de los otros del Equipo Misionero. La promoción de las chicas y mujeres en el Norte de Potosí es una parte muy importante del trabajo del Equipo.

Hablamos con un grupo de chicas y chicos en el internado de San Pedro. Tienen 16 hasta 19 años. Los jóvenes hablan de sus familias y de su vida primitiva en el campo. Todos vienen de familias que viven al mínimo vital. Todos ellos saben exactamente lo que quieren, sobre todo las chicas. Están contentos y felices que puedan vivir en el internado. « Estamos bien », dicen. « Vivimos en una gran familia. » Todos quieren pasar el bachillerato y estudiar. Quieren ser profesor, ingeniero, médico, padre… Pero saben que sus padres no tienen el dinero para sus estudios. “Si no puedo estudiar voy a ser agricultor como mi padre”, dice un joven. No está amargado. Es una estimación realista. Pero pues sigue existiendo la esperanza de estudiar. Desde hace unos años existe un proyecto de los claretianos que abre la posibilidad a unos de los jóvenes de estudiar. En todos los internados encontramos a jóvenes que trabajan en un año voluntario en un hogar campesino. También encontramos adultos jóvenes que han terminado sus estudios y ahora son los responsables de los internados. Todos ellos nos dan la impresión de ser comprometidos. Poco a poco asumen los bolivianos la responsabilidad de los españoles. Al fin y al cabo es la meta del trabajo : El futuro debe estar en las manos de los indígenas.

Nos han mostrado también los huertos escolares en todos los lugares que visitamos. Hace unos años subvencionamos este proyecto con dinero de Alemania para asegurar la comida en los internados. La dimensión de estos huertos escolares es enorme para condiciones bolivianas. Aquí crece todo lo que se puede imaginar. También vemos verduras y frutas que en la tradición de esta región no existen: Calabacitas, Internos en el huerto escolar de San Pedroacelga, puerro, col, calabaza, ensalada, pero también melocotoneros, limoneros y naranjeros. Los jóvenes aprenden de esta manera que se puede cultivar en esta región y que mejora la nutrición. También hay cerdos en estos huertos escolares. Este proyecto valió la pena como muchas otras cosas que vimos en el Norte de Potosí. Ahora la comida para los niños en los internados es segura por esta autarquía.

La tarea de la educación es seguramente el trabajo más importante de la Misión junto con el trabajo pastoral. En esta tarea está el futuro y la posibilidad de un tiempo nuevo para los aymaras y quechuas del Norte de Potosí. Las escuelas y los internados son el fundamento. Ahí los niños pueden aprender el saber, la formación y los valores que necesitan en este mundo. También aprenden ahí que su cultura y sus costumbres son importantes y de mucho valor. Al mismo tiempo estos son proyectos modelos que indican que no solo las formalidades como edificios son importantes sino los valores y el espíritu. Son proyectos modelos que también indican al estado boliviano lo que es posible porque hasta ahora sólo una parte pequeña de los niños del Norte de Potosí puede visitar las escuelas y los internados de los claretianos.

Pasamos la Semana Santa en Bolivia. El Domingo de Ramos con Theo en Toro-Toro, martes y miércoles con Victor en Akasio, Jueves y Viernes Santo con Koldo en San Pedro y la Noche de Pascua con Luis en Cochabamba. En la memoria a muerte y la resurrección de Jesús Christo aprendimos lo que sucede aquí en el Norte de Potosí. Aquí viven los hombres de los que habla el evangelio : « En verdad les digo, que Padre Victorcualquier cosa que hicieron por uno de estos mis hermanos, por humilde que sea, por mí mismo lo hicieron » (Mt 25,40). El lavado del pie el Jueves Santo, el servicio al prójimo – esto es la realidad en el trabajo de la Misión del Norte de Potosí. La Última Cena es realidad en la misa en una casita de adobes en las montañas compartiendo el pan y el vino y compartiendo la vida con los campesinos. Y Pascua, la fiesta de la resurrección, el principio del Reino de Dios en este mundo, siempre se puede sentir más donde hombres se ayudan y trabajan el uno con el otro para un mundo mejor. El avance del Reino de Dios se puede notar en el Norte de Potosí.

Y en nosotros ? Qué ha cambiado ? Qué influencia han tenido los 20 años pasados en nuestra vida ?

Tenemos más años, nuestros hijos casi son mayores, trabajamos como profesores en escuelas básicas en Alemania – y vamos a comprometernos en adelante para nuestra Misión del Norte de Potosí. La pobreza que vimos ya nos impresiono hace 20 años y representó un desafío a nuestra solidaridad cristiana. El trabajo del Equipo Misionero con todos sus desarrollos positivos durante todos los años nos ha confirmado siempre en continuar nuestra subvención. Y nuestra visita este año nos ha mostrado de nuevo que vale la pena y que el apoyo para el Norte de Potosí es un apoyo para los indígenas. Como escribió Saint-Exupery en el libro del principito: “Sólo con el corazón se ve bien. Lo esencial no es visible para los ojos.” Y allí – en el corazón – vemos mucho más : Los recuerdos de todos los encuentros con muchos hombres y mujeres en el Norte de Potosí durante 20 años. Los recuerdos de la hospitalidad y de las experiencias y conversaciones que pudimos compartir. Encontramos a muchos hombres y mujeres que abandonaron su Lothar, Theo, Ele, Jesús Mary y Walter 2003 en Cochabambamundo mismo para estar cerca de estos campesinos en el Norte de Potosí. Han venido a esta región abandonada y escasa para anunciar el principio del Reino de Dios a la gente indígena y para compartir su vida primitiva en solidaridad con ellos. Estos hombres y mujeres a los que encontramos durante todos estos años en el Equipo Misionero del Norte de Potosí nos motivaron mucho. Ellos nos han mostrado lo que hoy significa una vida en la sucesión de Jesús. Por eso les damos las gracias.

« Durante toda tu vida eres responsable de las cosas con las que te has familiarizado », dice el zorro al principito. El Norte de Potosí es una parte de nosotros.

 

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